
Orgullo y abandono: cuando el funcionario mira hacia arriba y pisa al que está abajo
Santo Domingo, 6 de agosto de 2026
Hay una escena dolorosa que se repite a diario en oficinas públicas de todo el país: el funcionario con cargo se rodea de una falsa ocupación: llamadas que nunca terminan, mensajes que no cesan, notas y audios que llenan su pantalla. Y detrás de esa supuesta “importancia”, se vuelve inalcanzable: ni levanta la vista, ni contesta, ni siquiera deja que le dirija la palabra quien más necesita su guía.
¿A quiénes tratan así? Precisamente a esos hombres y mujeres que cargan con el peso real de la institución: el personal de limpieza, los mensajeros, los asistentes, los que atienden al pueblo, a quienes se les paga un salario de miseria, pero que cumplen y están ahí desde antes de que llegue el jefe y mucho después de que se vaya. Ellos, que sostienen la estructura con el sudor de cada día, no tienen derecho ni a ser escuchados.
Se olvidan que la autoridad no es para sentirse superior, sino para servir mejor. Que quien ocupa un puesto de dirección tiene la obligación moral y legal de dar la cara, atender dudas, corregir errores y respetar por igual a todo el personal, sin importar el nivel que tengan ni lo que ganen. Si solo tienen tiempo para sus contactos, sus negocios o sus compromisos personales, y ninguno para con sus subordinados, entonces no están cumpliendo con su deber: están abusando de su posición.
⚖️ Lo que manda la ley
Esta actitud no es solo falta de educación, es un incumplimiento claro de nuestras normas:
- Ley 41-08 de Función Pública, Artículo 33, numeral 7: Todo servidor debe dar “un tratamiento cortés y considerado a sus superiores, compañeros y subordinados”.
- Ley 41-08, Artículo 58, numeral 7: Es derecho de todo servidor público “recibir un tratamiento justo en las relaciones con superiores y subalternos”.
- Reglamento 523-09, Artículo 22: Se reafirma que el trato debe ser igualitario, respetuoso y sin discriminación alguna .
- Ley 107-12: Establece que el respeto y la cortesía son obligaciones mutuas en toda relación con la administración pública.
Esas normas existen, pero muchas veces quedan guardadas mientras el abuso se hace costumbre. El verdadero líder no es quien más llamadas recibe, sino quien más tiempo dedica a quienes le ayudan a cumplir su trabajo. Quien no tiene ni un minuto para el empleado que gana menos, no merece el puesto que ocupa ni el sueldo que todos pagamos.