Santo Domingo, República Dominicana — 25 de diciembre de 2025
La Navidad se ha convertido en una gran farsa. Mientras unos pocos ayudan de verdad, muchos otros —incluidos políticos de todos los partidos— solo reparten felicitaciones vacías. No ayudan al vecino que no tiene pan, no extienden la mano al amigo que se está hundiendo, pero sí posan para fotos y hablan de amor y esperanza.
El pueblo pobre gasta lo poco que tiene en bebida, fiestas y falsas alegrías, sin pensar que enero viene con aumentos: gas, gasolina, gasoil y alimentos más caros. Cuando suben los combustibles, el pobre come menos, el fogón se apaga y la miseria se profundiza. Nadie reflexiona, nadie piensa en proyectos, nadie se prepara para lo que viene.
La Navidad hoy es un negocio para los ricos. Grandes tiendas y empresarios exprimen al pobre hasta sacarle el último peso, vendiéndole sueños que nunca se cumplen. El resultado es claro: el rico se hace más rico y el pobre cada día más pobre.
Muchos creen que la solución es irse del país sin rumbo, pensando que en Nueva York o Europa la vida es fácil. Pero la realidad es otra: impuestos, alquileres imposibles y trabajos duros. Emigrar sin plan no es progreso, es huir.
Desde Al Instante a Diario lo decimos sin rodeos:
quien no trabaja no avanza, quien no se esfuerza se queda atrás y quien vive de ilusiones construye su propia miseria. La Navidad no necesita más discursos; necesita conciencia, trabajo y verdad.
