Manola TV: Delvis Durán señala a Julián, pero otros defienden su inocencia — la investigación debe decir la VERDAD sin miedo
Santo Domingo Este RD, 23 de septiembre de 2026
El caso que ha conmocionado a la opinión pública dominicana, el trágico fallecimiento de la esposa del conocido Julián Oro Duro en su propia vivienda, se torna cada día más confuso, más complejo y más difícil de explicar. Mientras algunos medios insisten en presentar los hechos como un simple asalto con resultado de muerte, surgen dudas, contradicciones y detalles que no encajan en esa versión.
Kevin Dariel Germán Troncoso es la primera persona identificada por las autoridades, contra quien se ha emitido la orden de captura correspondiente. Se le vincula con la zona de La Victoria, en Santo Domingo Norte, y la Policía Nacional hace un llamado para que se presente por la vía que entienda pertinente y responda por su presunta participación en los hechos.
Sin embargo, lo que llama la atención es la versión que sostiene el propio Julián: que fue asaltado, que le quitaron joyas y cincuenta mil dólares en efectivo, y que los agresores huyeron. Lo que resulta altamente sospechoso, desde la lógica más elemental, es que al salir de su casa ensangrentado, cerca de la una de la madrugada, lo primero que pidió fue ayuda por el dinero y las prendas sustraídas —no por su esposa, que yacía sin vida en el interior. Ninguna persona que encuentre a su pareja sin vida sale a la calle a reclamar por el dinero antes que por la persona amada.
El primer testigo que lo vio, quien labora en un colmado cercano, confirmó que Julián le pidió auxilio por el atraco y los bienes sustraídos, sin mencionar a su esposa. A esto se suma la presencia de un agente de la DNC que llegó al lugar antes que otros funcionarios, quien resulta ser conocido del testigo y quien conoce detalles tan específicos como la procedencia exacta de los cincuenta mil dólares, quién se los entregó, para qué eran y hasta el nombre de un supuesto extranjero involucrado. Detalles que no deberían ser de conocimiento público y que este hombre maneja con una precisión que llama poderosamente la atención.
Este mismo testigo afirma haber estado pendiente de todo: vio llegar a los presuntos agresores en motocicleta, vio cuando entraron, vio cuando salieron y vio la salida de Julián. Es decir, él y el mencionado agente de la DNC fueron los primeros en tener acceso a la escena. En toda investigación criminal, las primeras personas en llegar y las primeras en hablar son siempre objeto de especial atención.
Recientemente, el periodista Delvis Durán, desde Santiago, ha planteado la hipótesis de que el propio Julián Oro Duro podría ser el principal sospechoso, sugiriendo que ordenó el ataque contra su esposa. Se ha señalado que Julián andaba frecuentando zonas poco habituales, que se le veía decaído, angustiado y con evidente desgaste emocional en las últimas semanas. También se ha planteado que los agresores pudieron haberlo agredido a él como represalia por no cumplir un supuesto pago pactado.
No obstante, también surgen argumentos que cuestionan esta hipótesis. Se recuerda que Julián hablaba con enorme afecto y gratitud de su esposa en todo lugar, diciendo que ella le había cambiado la vida y lo había encaminado por buenos senderos. Juntos formaron un hogar donde criaron a sus hijas y las formaron como mujeres de bien. Parece difícil conciliar ese afecto público con la idea de ordenar su muerte.
Ante esto, la postura más sensata es esperar: esperar la investigación, esperar las pruebas, esperar que las autoridades esclarezcan cada detalle sin adelantar juicios. Julián es, sin duda, una pieza clave y debe ser interrogado cuantas veces sea necesario; su versión debe ser contrastada con cada evidencia recogida. Pero señalarlo públicamente como autor intelectual sin pruebas concluyentes es también una injusticia.
Lo que el pueblo exige es la verdad: que se identifique, se captura y se procese a quien o quienes sean responsables, sin importar quiénes sean. Que la investigación avance con transparencia y que no quede ningún cabo suelto.


