Angelita Curiel “La Mulatona”: se apagó la estrella que nunca se olvidó de dónde venía
Santo Domingo RD, 13 de agosto de 2026
Angelita Curiel Vásquez, conocida por todo el pueblo como “La Mulatona”, nació en un hogar muy humilde, sin lujos ni facilidades económicas. Su padre, don Manuel Curiel, trabajó toda su vida en oficios manuales para sacar adelante a la familia; su madre, doña Mercedes Vásquez, colaboró durante años en la histórica emisora La Voz Dominicana. Junto a sus hermanos Rafael Curiel, Mercedes Curiel y José Curiel, creció viendo el esfuerzo diario de sus mayores, aprendiendo que nada se consigue sin trabajo y humildad.
Desde muy niña acompañaba a doña Mercedes a los alrededores de la estación, observando ensayos y movimientos de artistas; nunca contó con academias pagas ni maestros particulares: su primera escuela fue la observación, el oído atento y las ganas de salir adelante. A los 12 años quedó prendada del baile al ver a la maestra Josefina Miniño. Al principio don Manuel se mostró reacio, preocupado por lo incierto del camino artístico, pero la constancia y respeto de su hija lo convencieron.
Con el tiempo se convirtió en una de sus alumnas más destacadas y llegó a ser bailarina principal, compartiendo escenario con figuras de la talla de Lope Balaguer, percibiendo apenas lo justo para ayudar en casa y cubrir necesidades básicas. En los años 80 y 90 dio el salto definitivo a la televisión nacional, siendo parte del mítico espacio El Show del Mediodía, donde trabajó junto a grandes como Freddy Beras Goico, Yaqui Núñez del Risco y Luisito Martí. Allí su frescura, su gracia natural y esa forma de ser sin pretensiones le ganaron el cariño unánime de la gente y el apodo que lleva hasta hoy: “La Mulatona”.
A pesar de recorrer escenarios, ser aplaudida por millones y formar parte de la historia de nuestra televisión, Angelita Curiel nunca acumuló grandes fortunas ni propiedades ostentosas: vivió con sencillez, ayudando siempre a don Manuel, doña Mercedes, Rafael, Mercedes, José y a cuantos necesitaron su mano. Padecía insuficiencia renal y otras dolencias que fueron minando su salud progresivamente hasta su partida en 2025. Se fue rica en afecto y reconocimiento popular, pobre en bienes materiales, dejando como lección que el verdadero valor no está en lo que se posee, sino en cómo se recorre el camino sin olvidar jamás el origen.
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