(VIDEO) Diego Torres: Prefiero hablar con un higüero que con quien no da ni la cara ni la respuesta

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Diego Torres: Cuando aprendan a dar la cara, ya será demasiado tarde

Santo Domingo – 14 de julio de 2026

 

Santo Domingo RD. Por los caminos de mi finca he aprendido más lecciones que en muchas conversaciones con gente que se cree importante. Y lo digo claro, como lo siente mi corazón: yo, Diego Torres, prefiero mil veces detenerme a platicar con un humilde higüero, que intentar tratar con personas que no ponen atención ni tienen la decencia de contestar.

 

Hay quienes cuando uno les habla se hacen los sordos, como si no oyeran; cuando uno los llama, se hacen los distraídos; y si les envías un mensaje, parece que se perdió en el vacío. Se quedan mudos, sin usar ni el teléfono ni la boca, como si hablar fuera una carga que no quieren llevar.

 

Y hay algo más que me hace pensar: hay muchos que dicen tener títulos, que la mayoría lo tienen colgado en la sala de su casa. Otros hasta lo utilizan para llevarlo al baño y mirarlo hacia arriba mientras están allí sentados… porque de nada sirve haber ido a la universidad si no le han sacado provecho ni para tener educación y respeto con su propio prójimo. Tienen el papel que dice que estudiaron, pero les falta lo que no se aprende en las aulas: saber tratar a la gente.

 

Muchos de ellos andan además vestidos de políticos, de religiosos o con apariencia de mucha seriedad y virtud, usando esa fachada para ganarse la confianza y hasta engañar a quienes los rodean. Pero yo me quedo con la sencillez de mi tierra. Allí tengo mi mata de higüero, y me paso horas mirándolo de abajo hacia arriba: veo cómo nace su flor pequeña, luego se vuelve verde fuerte, y poco a poco crece hasta que madura y da su fruto. Él no miente, no se esconde, no te ignora: solo cumple su palabra de árbol criollo, dándonos sombra y alimento sin pedir nada a cambio.

 

Muy pocos saben valorar a estos higüeros, que son parte de nuestra esencia, pero yo me deleito cada vez que me siento junto a ellos. Con ellos encuentro más lealtad que con muchos que llevan nombre y cargo.

 

A esos otros les digo: tal vez con el tiempo aprendan que responder es respeto, y que atender al prójimo es deber de todos, sean servidores públicos o gente sencilla. Pero les advierto una cosa: cuando por fin aprendan a dar la cara y decir una palabra, ya será demasiado tarde. Porque la gente de bien no se queda esperando eternamente a quien no sabe ni decir “aquí estoy”.

 

Es mi pensamiento, compartido con quien quiera escuchar: que la naturaleza nos enseña a ser firmes y claros, mientras que la falsedad de algunos solo sirve para que uno aprenda a darles la espalda y seguir su camino.

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