
Por: Armando Olivero Analista Legal
La historia que nos contaron durante siglos no es una historia completa; es una narrativa
convenientemente editada. Durante generaciones, el sistema religioso de la Iglesia Católica Apostólica Romana, en complicidad con los poderes políticos, diseñó una imagen de Jesucristo que servía más a los intereses del César que a los del Reino de Dios.
Nos presentaron un Cristo de yeso, eternamente ensangrentado y silente, para convencernos de que el destino del
cristiano es la sumisión absoluta y el silencio ante la injusticia. Pero la Biblia —y la sangre de
los reformadores— cuentan una verdad muy distinta.
La Gran Manipulación: El Evangelio como Sedante Político
Aquellos que detentaban el poder entendieron temprano que un pueblo que cree en un Dios
que solo sabe sufrir es un pueblo fácil de gobernar.
Manipularon la enseñanza bíblica para convertir la «mansedumbre» en «cobardía». Nos enseñaron a «poner la otra mejilla» como un
acto de resignación pasiva, cuando en realidad, en el contexto de Jesús, era un acto de desafío
moral y dignidad frente al opresor.
Escondieron al Jesús que volcó las mesas de los mercaderes y al Maestro que llamó «zorra» al tirano Herodes. El sistema necesitaba un pueblo dócil, olvidando que Jesús nos ordenó ser «astutos como serpientes» (Mateo 10:16).
Esa astucia es la inteligencia espiritual para detectar el engaño y la valentía para no dejarse pisotear por los poderes del mundo. Jesús no fue una víctima del destino, sino un estratega del Reino.
El Secuestro de la Palabra y el Error del Lenguaje Popular
A pesar de que Jesús encomendó a sus discípulos predicar el evangelio a todas las naciones y en todas las lenguas, la Iglesia Católica Apostólica Romana hizo lo contrario: secuestró la Palabra.
Durante siglos, confinaron las Escrituras a una élite que dominaba el latín, manteniendo al pueblo en la ignorancia para asegurar su control.
Hoy, muchos invocan por ignorancia la frase: «no pongas la iglesia en manos de Lutero»,
utilizándola de forma peyorativa para indicar que se ha dado una responsabilidad a la persona equivocada. Nada está más alejado de la realidad. Quienes repiten ese cliché ignoran que fue precisamente porque la Iglesia estuvo en manos de hombres corruptos que Lutero tuvo que rescatarla.
Poner la Iglesia en manos de la visión de Lutero no fue un error, sino el acto de liberación más grande de la historia moderna; fue devolverle el timón al mensaje original de Cristo.
Lutero: El Sacerdote que Liberó la Iglesia
Fue necesario que surgiera Martín Lutero, quien siendo sacerdote de la propia Iglesia Católica
Apostólica Romana, tuvo el despertar de conciencia al darse cuenta de que la Iglesia Cristiana había sido secuestrada. Lutero decidió liberarla del asfixiante poder político romano, dando paso a la Iglesia Católica Apostólica Cristiana.
Aunque los católicos romanos le llamaron de forma despectiva «Iglesia Luterana», Lutero fue
tajante al declarar que él no vino a crear una iglesia nueva, sino a restaurar y liberar la iglesia
de Cristo del poder político de Roma. Esto estableció una diferencia sustancial: mientras la Iglesia Católica Apostólica Romana tiene un Papa sentado en un trono en el Vaticano, la Iglesia Católica Apostólica Cristiana tiene como único y eterno Papa al mismo Jesucristo.
El Refugio de Wartburg y el Milagro de la Imprenta
Para salvar su vida tras la persecución del poder político romano —que Constantino había
fusionado con la Iglesia de Roma siglos atrás—, y con la complicidad de aliados como el
Príncipe Federico de Sajonia, Lutero se refugió en el castillo de Wartburg. Allí realizó la hazaña
que cambiaría el curso de la civilización: tradujo la Biblia al alemán, devolviéndole al hombre común el derecho sagrado de escuchar a Dios en su propio idioma, sin intermediarios humanos.
Este escenario de liberación fue impulsado por la mano de Dios a través de la imprenta de
Johannes Gutenberg (1440-1450). Este invento fue el motor divino que permitió que el mensaje
de libertad se multiplicara por miles. El carácter sagrado de este invento quedó sellado con un
hecho histórico: el primer libro impreso en la historia fue la Biblia. Dios mismo garantizó que Su «Manifiesto» tuviera alas propias para que nadie volviera a silenciar la verdad.
El Abogado y el Juez: El Despertar del León
Lo que intentaron ocultar es que hoy, ese Cristo es nuestro Abogado Defensor (1 Juan 2:1), un
estratega legal que presenta Su sangre como evidencia de nuestra libertad. Pero también es el Juez Glorificado.
Servimos al Dios Triunfante, aquel que no regresará como manso Cordero, sino como el León de la Tribu de Judá. Su voz resuena hoy reclamando la justicia que los hombres han pisoteado.
El tiempo de la humillación terminó hace tiempo con la resurrección. El pueblo de Dios, armadocon la Biblia que Gutenberg multiplicó y Lutero liberó, reconoce que su Rey es el Juez de toda la tierra. ¡Su juicio es inminente y Su victoria es total!
¡Al que está sentado en el trono y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el
poder, por los siglos de los siglos!