
CUANDO EL CORAZÓN SE ENFRÍA: EL TEMOR A DIOS, LA EMPATÍA Y LA SENSIBILIDAD EN CRISIS
19 de abril de 2026
Por Sheila Martínez
Santo Domingo Este RD..Vivimos en una generación donde el conocimiento ha aumentado, pero el corazón del ser humano se ha endurecido. Donde hay avances tecnológicos, pero retrocesos espirituales. Donde se habla mucho de derechos, pero poco de conciencia. Y en medio de todo esto, hay tres pilares que se han debilitado peligrosamente: el temor a Dios, la empatía y la sensibilidad humana.
El temor a Dios no es miedo, es reverencia. Es vivir con la conciencia de que hay un Dios que todo lo ve, que pesa las intenciones del corazón y que nos llama a vivir en justicia. La Biblia lo dice claramente en el libro de Proverbios 1:7:
“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.”
Cuando el ser humano pierde el temor a Dios, pierde el límite. Y cuando no hay límites, todo se justifica.
Hoy vemos personas capaces de hacer daño sin remordimiento, de humillar públicamente a otros en redes sociales, de traicionar, de mentir, de destruir familias… y lo más alarmante: sin sentir nada. Esto no es casualidad, es el resultado de corazones desconectados de Dios.
La empatía, esa capacidad de ponerse en el lugar del otro, también se ha ido apagando. La Biblia nos enseña en Romanos 12:15:
“Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.”
Pero hoy, muchos se alegran del fracaso ajeno y son indiferentes ante el dolor de otros. Vemos accidentes y en vez de ayudar, sacamos el celular para grabar. Vemos a alguien caer y en lugar de levantarlo, lo juzgamos.
Eso es falta de sensibilidad.
Jesús, siendo el mayor ejemplo de amor, mostró una profunda sensibilidad humana. En Juan 11:35, el versículo más corto de la Biblia, pero uno de los más poderosos, dice:
“Jesús lloró.”
Él lloró por el dolor de otros. Sintió. Se conmovió. Actuó.
Hoy en día, muchas personas han normalizado la frialdad emocional. Se han acostumbrado a ver injusticias sin reaccionar. A escuchar malas noticias sin que les afecte. A vivir enfocados solo en sí mismos.
Pero la Palabra advierte en Mateo 24:12:
“Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.”
Y eso es exactamente lo que estamos viviendo.
Falta temor a Dios… y por eso hay corrupción.
Falta empatía… y por eso hay indiferencia.
Falta sensibilidad… y por eso hay crueldad.
Ejemplo claro:
Un padre abandona a sus hijos sin pensar en el daño emocional que causa.
Una persona difama a otra en redes sin importar destruir su reputación.
Un joven maltrata a sus padres porque no reconoce autoridad ni valores.
Todo esto tiene una raíz: la desconexión espiritual.
Pero aún hay esperanza.
Dios sigue buscando corazones sensibles, personas que no se adapten a la frialdad del mundo, sino que marquen la diferencia. Personas que vivan con temor de Dios, que practiquen la empatía y que conserven un corazón humano.
La Biblia nos llama en Ezequiel 36:26:
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.”
Hoy más que nunca, necesitamos volver a sentir. Volver a Dios. Volver a amar.
Y yo, Licda. Sheila Martínez, no me cansaré de hablar de esto, porque estoy convencida de que muchas de las tragedias que vivimos como humanidad no son por falta de recursos, sino por falta de Dios en el corazón del hombre.
Que no se apague en nosotros la sensibilidad.
Que no se pierda la empatía.
Y que nunca dejemos de vivir con el temor de Dios.