Por: Licda. Sheila Martinez
Fecha
23 de marzo de 2026 (Lunes)
Santo Domingo Este RD..mensaje que Jesucristo proclamó en el Sermón del Monte no fue suave ni acomodado; fue directo, confrontador y profundamente incómodo para todo aquello que se resiste a rendirse. Y lo más impactante no es solo lo que enseñó… sino cómo decidió concluirlo.
Hoy en día, se ha popularizado una versión ligera de la fe: una que se queda en palabras, en declaraciones, en emociones momentáneas. Una “gracia” que no confronta, que no transforma, que no exige coherencia. Se dice: “cree y ya, con eso basta”.
Pero el cierre del sermón nos muestra otra realidad muy distinta.
En Evangelio de Mateo 7:24-27, Jesús presenta dos hombres. A simple vista, no hay diferencia entre ellos.
Ambos querían edificar.
Ambos escucharon el mismo mensaje.
Ambos estuvieron expuestos a la misma verdad.
Entonces, ¿dónde estuvo la diferencia?
No fue en el conocimiento. Fue en la respuesta.
🪨 El que decidió obedecer
El Señor describe a quien escucha y actúa como alguien sabio, que construye sobre base firme. No se trata solo de entender… sino de aplicar, aunque duela.
Obedecer implica renunciar al ego, perdonar cuando cuesta, apartarse de lo que contamina el alma, vivir con integridad incluso cuando nadie está mirando. Es un proceso profundo, muchas veces incómodo, pero sólido.
Y cuando llegan las pruebas, esa vida permanece en pie.
🌪️ El que solo escuchó
El otro también oyó cada palabra. Tal vez se emocionó, asintió, participó… pero no permitió que el mensaje transformara su manera de vivir.
Construyó, sí… pero sobre lo inestable: sus impulsos, sus emociones, su conveniencia.
Es la imagen de quien conecta con Dios solo por momentos, pero no refleja esa conexión en su día a día.
Las tormentas no hacen diferencia de personas… hacen evidente la estructura.
Dificultades, crisis, tentaciones… todo eso llega para todos. Pero cuando golpean, revelan si hay profundidad o solo apariencia.
La caída de quien no obedeció no fue leve… fue total.
El predicador John Wesley lo expresó con claridad al confrontar una fe superficial:
La fe que no se traduce en obediencia no es distinta a la de los demonios.”
No basta con asistir, conocer o emocionarse. Si la vida diaria contradice lo que se profesa, hay una desconexión peligrosa.
Este es un llamado a examinar lo interno.
No se trata de cuántas veces escuchas la verdad, sino de cuánto estás dispuesto a vivirla.
Si hay áreas donde se justifica lo que se sabe que está mal, el fundamento es débil.
Pero siempre hay oportunidad de reconstruir.
Vuelve al fundamento correcto.
Ajusta lo que no está alineado.
Permite que la verdad transforme, no solo que informe.
Porque vivir conforme al mensaje no siempre será fácil… pero es lo único que permanece cuando todo lo demás se sacude.
Como dice Proverbios 23:23:
“Adquiere la verdad, y no la abandones.”
Recuerda:
No fuimos llamados solo a escuchar… sino a vivir lo que escuchamos.
@mividacondios1
Despierta Tu Promesa
