Por Carlos Rodríguez
La situación actual regional genera en la República Dominicana crecientes preocupaciones por la posible implicación de miembros del Partido Revolucionario Moderno (PRM) en actos de narcotráfico y una extradición a quien los dirige , al tiempo que se intensifica la influencia de Estados Unidos en la región. Este contexto recuerda lo que ha sucedido en Venezuela, La causa por la que fue extraditado el ex presidente maduro donde el neocolonialismo y el narcotráfico han desencadenado una crisis , compleja que ha afectado la estabilidad política del país.
La ocupación histórica de Estados Unidos en América Latina ha dejado huellas profundas, y la investigación abierta a dirigentes del PRM por su presunta vinculación con actividades ilícitas resulta alarmante. La interacción entre miembros del partido y redes criminales crea un caldo de cultivo para la oposición, que aprovecha esta situación para criticar al gobierno. Aunque el PRM afirma tener una postura firme contra el narcotráfico, la falta de acción frente a los acusados y condenados sugiere una falta de control interno.
El entorno político también se torna peligroso cuando el gobierno asegura que el presidente no tiene vínculos con estas actividades. La afirmación contradice la conocida frase del profesor Juan Bosch: “los iguales están juntos”, lo que provoca desconfianza en el electorado. Esta falta de separación entre el partido y los acusados puede afectar la imagen del gobierno y contribuir a un eventual colapso del sistema político.
Las lecciones de la crisis en Venezuela son claras: la convergencia entre conexiones políticas y narcotráfico puede desestabilizar un estado. La República Dominicana se encuentra en una encrucijada; con el aumento de acusaciones y el constante influjo estadounidense, el país corre el riesgo de deslizarse hacia una crisis política similar a la venezolana. La clave radica en si los líderes actuales podrán enfrentarse a la situación antes de que esta se torne insostenible.
