La sociedad clama por justicia, conciencia y un retorno urgente a Dios
Por Sheila Martínez
La trágica muerte de la pequeña Brianna Genao, de apenas tres años de edad, ha estremecido profundamente a la sociedad dominicana, dejando un sentimiento colectivo de dolor, indignación y consternación. Este lamentable hecho no solo enluta a una familia, sino que sacude la conciencia nacional al evidenciar hasta dónde puede descender el ser humano cuando su corazón es dominado por la maldad y pierde toda sensibilidad ante la vida.
Este caso, que ha generado amplio rechazo y repudio social, pone de manifiesto una realidad alarmante: la maldad siempre ha existido, pero la manera en que hoy se manifiesta revela una crisis profunda de valores, conciencia y humanidad. Más allá del dolor inmediato, este suceso confronta a la sociedad con una verdad ineludible: la humanidad necesita urgentemente a Dios.
No se trata de religión ni de prácticas externas, sino de una relación genuina con Dios que transforme el corazón, restaure la conciencia y devuelva al ser humano el valor sagrado de la vida. La religión por sí sola no cambia conductas; es la transformación interior la que puede frenar la deshumanización que hoy presenciamos.
Los responsables de este crimen enfrentarán la justicia terrenal, como corresponde en un Estado de derecho. Sin embargo, ningún juicio humano puede sanar la raíz del horror que se ha manifestado, porque cuando el corazón se endurece y se rinde a la maldad, deja de operar como conciencia y se convierte en un abismo sin límites, sin razón y sin compasión. Un abismo que, incluso, supera el instinto de una fiera, pues el animal actúa por naturaleza, mientras que el ser humano elige hacer el mal.
Este hecho no debe conducirnos únicamente a una indignación momentánea, sino a una profunda reflexión social sobre el estado del corazón humano y la urgente necesidad de volvernos a Dios con seriedad, determinación y responsabilidad. Tal como lo expresa la Palabra:
“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”
Jeremías 17:9 (RVR1960)
Hoy, más que nunca, la sociedad está llamada no solo a exigir justicia, sino a promover conciencia, valores, protección a la niñez y una transformación espiritual que impida que tragedias como esta vuelvan a repetirse.

