Donald Trump: mucha espuma y poco chocolate en la política internacional
Santo Domingo Este, República Dominicana – 9 de enero de 2026
El expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha sido presentado durante años como una figura de poder y firmeza ante el mundo; sin embargo, los hechos demuestran que su discurso ha estado cargado de amenazas, provocaciones y confrontaciones que, en la práctica, han generado más conflictos que soluciones. Mucha espuma y poco chocolate.
Trump ha dirigido su retórica contra numerosos países, especialmente del Caribe y de otros continentes, involucrándose incluso en la política interna de naciones como Venezuela, un país que nunca ha representado una amenaza directa para los Estados Unidos. Esta constante intromisión ha sido una práctica histórica de Washington: Venezuela, Panamá con Manuel Noriega, República Dominicana, Haití, Nicaragua y decenas de países más han sufrido intervenciones que, lejos de traer estabilidad, han dejado secuelas de crisis, pobreza y desorden institucional.
Mientras Estados Unidos se presenta como defensor de la democracia, dentro de su propio territorio se profundizan graves problemas sociales. La miseria va en aumento, el desempleo golpea a miles de familias, el alto costo de la renta de viviendas asfixia a la clase trabajadora y la crisis social se vuelve cada día más evidente. A esto se suma una realidad innegable: Estados Unidos es uno de los países con mayor consumo de drogas en el mundo, un problema interno que no ha podido controlar.
Los más afectados por esta realidad son los inmigrantes, especialmente los latinos, quienes viven una situación angustiante. Muchos trabajan largas jornadas para apenas poder comer una vez al día, enfrentando discriminación, bajos salarios y la constante amenaza de deportación. Esta situación no dista mucho de la que viven pueblos empobrecidos de África, Haití y otras naciones del llamado Sur global, donde el hambre y la desigualdad cobran vidas a diario.
La política exterior estadounidense, históricamente orientada a la búsqueda de oro, petróleo y minerales estratégicos, ha demostrado que donde interviene deja crisis y sufrimiento. No se trata de trabajo ni de cooperación, sino de planificación para el control de recursos y el beneficio de unos pocos, mientras millones padecen las consecuencias.
Hoy más que nunca, el mundo observa con atención y cuestiona un modelo que predica democracia, pero practica la intervención; que habla de prosperidad, mientras su propio pueblo y los pueblos intervenidos sufren hambre, desigualdad y desesperanza.
