Merengue entre balas, cuchillos y escombros: la vergüenza de un país sin memoria
Pot Diego Torres
República Dominicana atraviesa una profunda crisis de valores cuando se trata de proteger a sus artistas. Nuestros merengueros, quienes han sido embajadores culturales y representantes del alma dominicana, están muriendo en circunstancias extrañas, muchas veces marcadas por el abandono, la negligencia y la falta de justicia.
El caso más reciente y escandaloso es el del legendario merenguero Ruby Pérez, quien supuestamente perdió la vida aplastado dentro de una discoteca que no contaba con las condiciones mínimas para albergar a un artista, ni mucho menos a una multitud. Según reportes preliminares, el lugar presentaba fallas graves en su estructura, ausencia de salidas de emergencia, exceso de bocinas sin control antirruido y sobrepoblación del recinto. La tragedia no solo se llevó a Ruby, sino también a varios fanáticos que murieron asfixiados y aplastados.
Aquí se evidencian varios responsables: el dueño del establecimiento que operaba fuera de norma, las autoridades municipales que no fiscalizaron el lugar, el Ministerio de Obras Públicas bajo la dirección del ministro Eduardo Estrella, y el departamento antirruido de la Policía Nacional, quienes hicieron caso omiso a las múltiples denuncias sobre el ruido y la aglomeración en dicho centro nocturno. ¿Dónde están las inspecciones? ¿Dónde está el respeto por la vida humana?
Este no es un hecho aislado. El merenguero Tony Seval, otra leyenda del ritmo nacional, fue asesinado brutalmente a balazos y puñaladas en una cárcel dominicana durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco y el Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Hasta el día de hoy, ese crimen no ha recibido la atención ni el castigo adecuado. ¿Cómo es posible que un artista sea asesinado dentro de una cárcel dominicana sin que exista justicia ni responsables?
Otro caso doloroso es el del carismático merenguero Pepe Rosario, quien fue asesinado de una puñalada por una mujer mientras cantaba en una fiesta. El hecho, lejos de esclarecerse, terminó en una supuesta operación de encubrimiento. Según fuentes cercanas, la mujer fue apresada brevemente y, de manera misteriosa, le prepararon una visa y fue enviada fuera del país, específicamente a los Estados Unidos. Nunca se ofreció una explicación oficial, y la familia de Pepe Rosario continúa esperando justicia.
Estos casos ponen en evidencia un patrón de impunidad, negligencia y desprecio por la vida de nuestros artistas. No es solo una cuestión de dolor humano, sino de identidad nacional. El merengue ha sido declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, y sin embargo, sus protagonistas son tratados como desechos una vez las luces se apagan.
Es hora de que se tomen medidas reales. Que los responsables de la discoteca donde murió Ruby Pérez sean condenados a 30 años de prisión, como manda la ley cuando se atenta contra múltiples vidas por imprudencia y violación de normas. Que se reabra el caso de Tony Seval para que su muerte no quede en el olvido. Que se investigue con seriedad el asesinato de Pepe Rosario y la extraña salida del país de su presunta agresora.
Este es el momento para que las instituciones dominicanas, incluyendo el Ministerio Público, la Dirección General de Control de Bebidas Alcohólicas (COBA), el Ministerio de Cultura y los derechos humanos, actúen en conjunto para dignificar a los artistas que han dado todo por la patria. No podemos seguir permitiendo que mueran como anónimos o que sus muertes se conviertan en chismes de pasillo sin justicia real.
Hoy decimos basta.
Justicia para Ruby Pérez.
Justicia para Tony Seval.
Justicia para Pepe Rosario.
Justicia para los merengueros de la patria.
