Caamaño, quien se convirtió en líder de la Revolución de Abril de 1965, había desembarcado el 2 de Febrero de 1973 por Playa Caracoles, de Azua, en compañía de 8 guerrilleros, al asumir un proyecto militar y sacar del Palacio al doctor Balaguer, quien a través de fraudes y horrendos crímenes se había perpetuado en el poder
.
En estos 45 años de tan horrible hecho, son muchos los que se suman a la idea de que valió la pena el sacrificio de Caamaño y otros tantos combatientes revolucionarios, que sacrificaron sus vidas en las décadas del 60 y 70 por la libertad de la nación dominicana.
La presente y futuras generaciones deben asimilar lo que dijo Caamaño en uno de sus discursos en el 1965. Citamos: “No pudimos vencer, pero tampoco pudimos ser vencidos” y así ocurrió también en la Gesta Guerrillera de Playa Caracoles, ya que en una guerra no es matar al enemigo, sino quebrantar su voluntad.
La voluntad de Caamaño jamás fue quebrantada en el 1973, aunque por orden del presidente Joaquín Balaguer, los militares le quitaron a la vida, pero no le quitaron la razón. Esa razón y ese ideal de nación libre y soberana, sigue latente en hombres y mujeres que se anidan en la ADP, club Gregorio Luperón y la fundación Caamaño, entre otras entidades de corte democrático y revolucionario.
Para orgullo de todos, el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó se ha convertido en símbolo de las luchas libertarias en muchos países del mundo, que aún son víctimas de crueles dictaduras que impone y patrocina el Imperio Norteamericano.